Los Marcs y las Laias del mundo (Epílogo distópico)*

Si escribiéramos el título en catalán, esto sería algo así como els Marcs y las Laias del mon.  Porque todo el mundo da por hecho que Marc y Laia son catalanes. De Barcelona, quizá del barrio de Gracia, o el Raval, es igual. Pero bien pudieran ser valencianos, o mallorquines, o quizá no son de ningún sitio. No lo sabemos; nos da lo mismo. Marc y Laia quizá estén, todavía, acorronados en el colchón. Cercando lo imposible, aún sabiendo que – jamás, y quizá por eso- lo alcanzarán. Quizá Marc y Laia son en realidad una distopía. Puede que estén echando un polvo etílico al borde del abismo y del vergel, en las fronteras de lo común y la barbarie.  O jugando con sus hijos en el Cantábrico. O sintiendo lo mismo que la primera vez, sin las trincheras y sinsabores. Con la misma ilusión de un perro que salta de alegría al ver a su dueño aparecer por la puerta cada día, año tras año, sin excepción.

O con la certeza de los castillos que no necesitan ser asaltados para demostrar que las almenas siempre seguirán en pie.

Pásame la cerveza, Marc.

Laia se acuerda del Marc que le llevaba a casa en su Vespino. Del que tocaba el timbre para explicarle las matemáticas del Instituto después de clase. Del que le tentaba todo lo demás y le prometía entre risas -cómplices- que nunca iría más allá. Ajá. De lo que aprendió y de lo que vino. Del vino. De los fuegos, de los juegos. De los artificios, la universidad, las decepciones, del por favor, empótrame contra la pared. Del ya no te quiero, del te querré siempre. Del por ahí no. Del ya no te querré jamás. Del acurrúcate aquí.

 

(….)

 

Yo también te quiero, amor, se acuerda Marc. No sabes cuánto.

Claro. Nadie sabe cuánto, porque nadie sabe nada.

Del nunca te pasará nada a mi lado.

Especialmente se acuerda Marc, pasados los años,  del vino tinto y del sexo. De follar sin resuello,  de morder sin consenso. De abrazar sin mesura y joder sin pasado, de beber en ayunas. De robarle a la vida y de que –nadie – se diera cuenta. De la sonrisa en Portugal, del ronroneo del cierzo, de las cañas suicidas, y de los muslos tersos entreverados de flores aquel día en el Perrachica.

Me gustaba cuando tu carta de navegación apuntaba hacia el sur.

(….)

Ahora son dos seres remotos, dos eneros sin dueño, que se escriben, se espían, se desean, que se huyen. Dos amantes – la cama-  entre la niebla, desierta.

Son ahora Marc y Laia un apartamento en Torrevieja.

Ajados.

Altivos.

Decadentes.

Despreciables, infinitos.

Por fin, indestructibles.

*Final de la tetralogía de Marc y Laia. Para leer los anteriores, poned Marc o Laia en el buscador 😉 

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Old pics

No tiene mucho sentido –hoy-
mirar fotos antiguas,
aunque en muchas estés tú,
viva, coleando, fugaz, hermosa.

Aunque también estés tú, papá
pero así no quiero -no me sale de los huevos-
recordarte, así que.

Borro esas páginas
memorias
historias,
tinieblas.

Ergo, rompo fotos,
destrozo saudades,
amasijo de filtros
y tristezas

No existe el pasado -ya-
y futuro nos espera
ahí mismo,
a la vuelta de un café de domingo.

Porque, aunque tú no lo sepas, –todavía-
el futuro eres, de nuevo,
prometedor, radiante y justiciero,
tú.

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Ciberataque

Ayer daba vueltas en la cama
pensando en aquellos días
en los que no pasaba nada,
ni siquiera tú,
pasabas.

Dice Angels Barceló en la radio
que Sánchez no estuvo mal ,
y que arrecian los ciberataques
en todo el mundo.

También en galaxias lejanas;
han llegado incluso hasta estrellas
remotas y fugaces.

Yo, mientras tanto y por si acaso,
y para que lo sepan todos,
pero todos.

Me aferré al móvil y,
en negrita y cursiva,
puse:
te quiero.

No vaya a ser que después,
sea demasiado
tarde.

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Palmira

 

Eres,

con tus ojos de gata dilatados como de eme.

Yo voy,

con la polla dura y el corazón tan blando.

 

Cuarentaytres con naranja, vodkaredbull,

cuadros y rayas,

el amor sin tu sexo,

nunca mezclaron bien.

 

Son tus tetas forjadas,

en hormigón armado

cadera de cristal

el amor es tan frágil.

 

Destrucción de ruinas,

mas sobrevivirás,

porque  fuiste siempre

mi Palmira infinita.

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.- -… .-. –. .- – . –..– / .- — — .-. .-.-.

Hay que ver. Qué desfachatez. Te puse un mensaje en morse y ni siquiera me contestaste. Te decía que media sonrisa tuya bastaría para deshacer todo el Ártico. Enterito. No, claro que no quiero que se deshiele, qué cosas dices.  Sólo te estoy diciendo lo que te ponía en el mensaje. Pues mujer, porque el morse me parece algo bonito y romántico, ya sabes que soy un antiguo. Y es más seguro que el Telegram ese. Que no quiero que nadie se entere. ¿De qué va a ser? De lo de tu sonrisa, si te parece. De lo nuestro, claro, qué cosas tienes. El año pasado tampoco me respondiste a lo de la paloma. Ya, ya sé que no estabas en casa y que la paloma se cansó de esperar. Bueno, no te preocupes. Tampoco por lo del morse. El año que viene te tengo preparada una botella. Sí, de un cristal verde precioso, como de Murano. Y con un papiro impermeable. Sí, ya sé que no vives junto al mar. Da igual, ya me las ingeniaré para que te llegue. Aunque sea la echo al Duero, que es hasta navegable en algunas partes. No te entretengo más, que seguro que tienes cosas que hacer. ¿Yo? Yo estoy bien, como siempre. Aquí en el norte ya sabes el frío que hace. Allí también, claro, qué tontería. Sí, sí, yo también lo haré. Tengo que terminar, que esto se me está alargando mucho, y no veas lo que ha subido la letra este año. Cuídate mucho, y abrígate.

Stop.

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Faltaste

​Te miro, te escucho, te cerco, te beso, te tiento, te exploro, te huelo, te lamo, te ausculto, 

te quiero.
Me sientes, me observas, me cuidas, me comes, me tocas, me besas, me escarbas, me ríes, me rezas, 

me vives.

(..)
Te alejas.

Me agarras

Me hieres

Te lloro

(…)

Faltaste, 

Y me muero.

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Illness

 

Lloras de alegría,

Sueñas con países extraños,

Vas con la mirada hueca,

Escribes cartas de amor,

 

Tú lo que tienes,

Es una enfermedad rara.

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