Breve tratado sobre la toalla

¿Cuántas toallas son suficientes para una sola persona ? Digamos en primer lugar que las toallas suelen estar dispuestas en uno o dos cajones, por lo general de tamaño considerable,sin mezclarse por lo general con otro tipo de ropas. Las hay de todos los tamaños y tipos: grandes,pequeñas, medianas, de mano, de playa, de hoteles,viejas, usadas, bordadas, de piscina. Y en una amplia gama de colores: negras, azules, naranjas, moradas, blancas, a rayas. Apenas hay unas que casen con otras, y son casi todas de estilos y juegos distintos. También hay toallas con nombre propio, y toallas con olores reales o imaginarios que siempre estarán ahí, por más que pasen mil lavados. Toallas que desaparecen una temporada y aparecen en el lugar menos pensado, y otras que de tanto desgaste podrían usarse como pañuelos multicolores. Hay toallas que nunca se acaban de secar y otras que se impregnan enseguida del sudor del verano. Las hay suaves como la arena fina de playa de Menorca y otras son ásperas como la lija de un carpintero enfadado con el mundo.

Las toallas no son como la ropa interior. Las toallas se cambian cada cierto tiempo (aquí puede discutirse la periodicidad de dichos cambios), y su uso está limitado, en su forma habitual, a la ducha y las manos. Pueden darse otros usos como el secado de animales, higiene íntima, uso deportivo, boxístico (de donde viene la expresión “tirar la toalla”) o como sustitutiva de la alfombrilla de baño. De vez en cuando son necesarias más de una: cuando se tiene visita (amigos, familiares, etc), o cuando pasa la noche en casa algún amante, ya sea éste ocasional o habitual. Estas toallas fugaces tienen por lo general un uso bastante limitado en el tiempo, y se echan a lavar en cuando se produce el fin de la circunstancia, aunque curiosamente la toalla principal no suele acompañar al resto en la tanda.
La diferencia, pues, entre el número total de toallas que se poseen y su uso efectivo es a todas luces desproporcionado, con lo cual hay un gran número de toallas que jamás salen del cajón en el cual están confinadas contra su voluntad. Esta desproporción entre número total y uso real es un hecho que no se da prácticamente en ningún otro objeto de la casa: platos, trapos de cocina, vasos, copas de vino, cubertería. Todos estos enseres tienen por lo general, en un hombre o mujer que viva sola, un uso unitario, pero a menudo es necesario el empleo de varios de estos elementos de forma simultánea: una cena con amigos, por ejemplo.

Pueden darse casos similares en edredones y fundas de almohada, aunque en ningún caso llegan a la
claridad del caso expuesto con las toallas.

La opción más recomendable sería o bien aumentar el número de personas que habitan la casa o bien quedarse solamente con las imprescindibles, deshaciéndose del resto. Se recomienda retener aquellas con aromas especiales, recuerdos felices y, sobre todo, aquellas más grandes y suaves que permitan un secado rápido y eficaz.

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