La gota malaya

Pues no: la piel no es como la de una ballena blanca,

gruesa, impenetrable, hermética y aceitosa;

ni tampoco uno a todo se acostumbra, como al vino caliente o a la Cruzcampo.


(Y a veces, sólo a veces)

Fui un galgo abandonado en Toledo,

y quizá he llorado como la Callas recordando a Onassis

más mil veces que perdí, otras mil que me repuse.

La prueba, fehaciente, es que aquí sigo.

Pero admitámoslo: las pérdidas en el amor no son nunca inocuas

aunque tengamos escaras en la piel,

el culo pelao y las mejillas desteñidas

por la sal de las lágrimas.

(Muy al contrario)

Las pérdidas son como la gota malaya

término que, erróneamente,

acuñó Felipe González mezclando los términos

gota china y bota malaya.

Gota o tortura china:

una gota de agua que cae del techo ,

y que poco a poco va horadando

la piel del cráneo del reo.

Así que aguantamos la maldita gota china o malaya

(oriental en todo caso)

que horada el corazón y el cráneo,

y que duele, vaya que si duele.

Pero, incluso tras estas adversas circunstancias

el cuerpo humano no se rinde,

pues mientras estemos vivos, intentaremos desviar

esa gota que se dirige inexorablemente al centro del cráneo.

Y sacaremos la lengua,

intentando atrapar la gota

(flip)

como el camaleón a la mosca,

para aplacar la sed de vida y de futuro.

Soportando las pérdidas del camino,

lleno de piedras, romero y espigas,

sabiendo que el azar es presumido

y que la vida se embarra en el trayecto.

Dejando pequeñas marcas,

que ocultamos bajo la ropa:

usando cada vez jerseys más gruesos

para que nadie descubra nuestro pequeño gran secreto

(la herida)

Mientras tanto, seguimos haciendo la senda y el cariño,

recordando lo bonito que fue,

el hermoso sendero que recorrimos,

mas el sotavento es impresivible,

y sólo dios sabe adónde nos llevará,

porque imprevisibles son también los temporales en estos tiempos de cambio climático y ventiscas

Y con todo ello les digo:

que me sigo cagando en el puto amor romántico,

fatídico invento de poetas y de literatos ahogados en absenta,

y que – por favor- no nos roben lo bailao, que de nada sirve,

ni tampoco la ilusión ni la sonrisa al infinito perdida.

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2 respuestas a La gota malaya

  1. Eva dijo:

    Espero que estés bien. Ya vi que has desconectado de todo. Te seguiré leyendo por aquí. Un beso

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