Almudena

Se movía repartiendo felicidad, mostrando al mundo sus diminutas orejas, al ritmo de los cláxones y la calle, bamboleando su difícil cuerpo y enseñando los dientes de la manera más tierna que uno pueda llegar a pensar. Y el movimiento de su rabo: que más que rabo parecía una morcilla con más vida que mil vidas multiplicadas por mil vidas, más vida que todas las morcillas juntas que en toda una vida uno pudiera imaginar. De movimientos tan gráciles e inquietos, con la curiosidad propia de la que para unos kleenex en el suelo eran el tesoro de Stevenson, y unos chicles mascados, la piedra filosofal.

Así fue una vez mi perra, y así era Almudena. Almudena era grácil, inquieta, difícil, una Atlántida en Madrid, una savia continua que me arrastró durante años, mirada gatuna,  perra en celo. Así era Almudena Pérez, la chica de las caderas bamboleantes y el cuerpo difícil, la chica de las mil vidas, la chica fácil, la chica frágil, la chica que me hizo gastar más kleenex que los que se comía Alejandra, que así se llamaba mi perra. Se lo dejamos en Ale. Y a Almudena en Almu. Almu y yo un día nos peleamos, nos peleamos hasta tal punto que dijimos que hasta aquí podíamos llegar, y creo que esto fue un año después de la muerte de Ale;  Almu y yo seguimos bamboleándonos durante la prórroga de Ale;  Almu se cansó de mi, de mis tonterías y de mis conceptos. Ella descubrió mi Atlántida cuando yo pensaba que yo ya había descubierto su Stevenson, y supongo que por eso se cansó y se fue, se marchó a buscar a alguien a quien poder agotar sus kleenex. Como hizo conmigo.

Ayer la vi. En el metro. Iba sola, con unos cascos azules. Yo he adoptado otra perra. Se llama Sandra. Vivo solo y sobrevivo. Estuve a punto de silbarla y llamarla Ale. Sigue teniendo culo bamboleante y  cuerpo difícil. No descarto volver a coger mañana otra vez la línea 5 dirección Acacias. Quizá no la vea, o quizá no quiera reconocerme. No sé qué pensará Sandra. De momento mueve el rabo continuamente.  Así que supongo que es buena señal. Mañana volveré a coger la línea 5, que hay líneas y kleenex que solo pasan una vez en la vida. Aunque sean mil multiplicadas por mil.

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