Orquídea

Ayer en el trabajo una compañera le regaló una orquídea blanca y moribunda, restos de la tienda de flores de su marido, de esas que no había podido vender en Navidad. Le dijo que se la quedara en el despacho y que así tendría algo de lo que cuidar. Miró la orquídea, mustia y quejosa, y auguró que no pasaría de enero.

Después, salió a la ventana, encendió un cigarro y empezó a chispear.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Instinto, Minirrelato y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s