Scalextric (o Noche de Reyes)

El niño escuchaba con pasión el zumbido del motor del coche . Su favorito era el amarillo porque corría más que el resto, aunque tuviera que pagar el precio de que las escobillas se gastasen antes.

El niño.

El niño que fue y que antes no frenaba en las curvas del circuito, aunque supiera una y otra vez que siempre se saldría  – exactamente- en la misma curva, a pesar de los peraltes, en ocasiones imposibles, cuidadosamente colocados por su padre.

– ¡Esto huele a quemado!  – le decía a su progenitor, que lo mismo cambiaba las escobillas del coche que le arreglaba el transformador del Scalextric.

Ese niño recuerda también que después fue a un colegio de curas, en el que no se mezclaba con las niñas, así que de ellas no aprendió nada- ni tampoco con ellas, qué más hubiera querido él- aunque sí a multiplicar y a dividir a la perfección. También aprendió a la perfección la ortografía y la gramática. Y aprendió también a jugar a fútbol, intentando emular a sus ídolos del Valencia Club de Fútbol, aunque esto, ciertamente, se le daba peor.

Desde entonces intenta escribir con buena letra en el papel y también en su vida, y se ha dado cuenta de que ambas cosas son casi igual de difíciles. Le contaron también los curas que con cada mal pensamiento, con cada acto que imaginaba, pequeñas manchas negras teñían su alma, con lo cual el niño pensó, al abandonar el colegio,  que tenía el alma más negra que la cara de un carbonero.

Los curas, pensó el niño, no manejaban con demasiada sutileza las metáforas, aunque sí sabían cómo tener bien agarrados a los niños por los cojones. También metafóricamente hablando.

Así pues, su vida transcurría en Super 8 y con las ruedas auxiliares de la bici puestas, pero también con las tildes de la perfección de los dictados persiguiéndole como fantasmas.  Y a pesar de los peraltes, esos imposibles, una tarde de abril se cayó de la bicicleta real sin ruedas de auxiliares , y supo entonces que además de salirse en las curvas del Scalextric, también se podía caer de la bici y de otros muchos sitios, y ponerse las rodillas más negras que el color de su alma de carbonero.

Mientras, su padre seguía siendo para él el hombre que le cambiaba las escobillas a los coches, pero también quien vigilaba que las tildes estuvieran siempre en su sitio.

Pasó el tiempo y asumió por fin que las almas, si es que existen, eran negras como el carbón, y que las tildes a veces se ponen y a veces no. Fue al Instituto, después a la Universidad, después sus primeros trabajos, y siguió buscando dónde colocar las tildes, o al menos los acentos, y ahora se pregunta si sirvió de algo.

¿Su padre? Hace tiempo que ya no es capaz de poner peraltes y cambiar escobillas, aunque sigue empeñado en que la palabra padre no pierda su sentido, aunque sólo sea por orgullo y sigue poniendo tildes aunque ya nadie ya se lo pida.

 Hace tiempo que a su padre los médicos le dijeron que le habían aparecido unas manchas negras casi en el mismo sitio del cuerpo al niño le decían que aparecían esas otras que ennegrecían el alma. Su padre está empeñado ahora en vender todos sus libros, que se cuentan por miles, y en clasificar los también miles de vinilos, cedés, VHS , DVDs y colecciones de aviones y de coches de juguete antiguos que llenan todas  las estanterías de la casa. Que dice que quiere quitarse cosas de encima y que cómo funciona eso de vender las cosas por internet en el Segunda Mano. Pero, a la vez ahora, cada vez que viene a Madrid, se pasea por las tiendas de comics en busca de ediciones facsímiles, carísimas, de tebeos de su época, El Capitán Trueno, El Guerrero del Antifaz, El Príncipe Valiente.

Valiente.

Se tardarían años en leer todas las sagas completas que está almacenando. Dice que son un chollo. También, desafiante, se acaba de comprar un televisor de 42 pulgadas, a pagar en 24 meses.

(…)

Y ahora me gustaría contarte cosas del Valencia , que parece que estamos remontando, y me gustaría contarte otras cosas en esta noche de Reyes, como que todavía conservo el Scalextric, y que ya hace tiempo que me da igual salirme en las curvas, aunque no sé si te lo llegué a decir, y que esto que escribo lo tenía embargado desde hace mucho, y muchas cosas más que ya iremos hablando con el tiempo.

Por cierto, vaya golazo ayer de Feguouli, con lo que nos reíamos de él, ¿eh?

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2 respuestas a Scalextric (o Noche de Reyes)

  1. blogryp dijo:

    Me encanta. Casi no me acuerdo del Scalextric, pero para disfrutar el cuento, no importa. No sé quien es Feguouli, supongo que hay ser valencianista para eso 😉
    http://blogderelatosypoemas.wordpress.com/

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