Traición a los postres

Caía el sol de invierno, y en ese momento, Jaume sacó su tarjeta de crédito en números rojos para pagar la cuenta mientras miraba de reojo y acariciaba con el pie a su antiguo paño de flujos, mientras Begoña, ajena, apuraba un cigarro que no le apetecía pero que le mantenía entretenida, en el preciso instante en que Laura devolvía la mirada a Jaume y se dejaba arrullar por el pie izquierdo de su antiguo paño de semen a las seis menos cuarto de la tarde.

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