Fragilidad

–          Mira, si despojáramos al cuerpo humano de todos sus huesos y lo colgáramos del techo, nos daríamos cuenta de que todos los músculos, la fibras y los tendones están comunicados entre sí. Así que, por ejemplo, el abdominal inferior está conectado con el aductor, y el aductor con todo lo demás, y por eso se te carga la zona, ¿entiendes ?

Trataba de entenderlo mientras sus dedos largos, fuertes, enjutos, decididos, apretaban fuertemente mi aductor derecho mientras yo me agarraba a su brazo para soportar el dolor como si se tratara de un parto. Su cuerpo pizpireto, delgado y jovial, casi grácil, no hacía pensar que esos dedos pudieron provocar tanto dolor.  Qué poca fragilidad para tanta gracilidad.

–          Todo está conectado. Si se te sobrecarga el músculo isquiotibial izquierdo, lo más probable es que de pequeño tuvieras un esguince en el tobillo derecho, ¿verdad?

Verdad.

Todo estaba conectado. Era cierto, de pequeño tuve varios esguinces en el tobillo derecho jugando al  baloncesto, y parece ser que es por ello que 30 años después mi isquiotibial derecho se carga. Vaya.

Mientas tanto, mientras soportaba el dolor que posteriormente me permitiría alcanzar el placer, imaginaba mi propio cuerpo desprovisto de huesos colgando del techo, como una vaca abierta en canal colgando de un gancho en el matadero, a contraluz. Y pienso que lo más importante del mundo no sería que te arrancaran los huesos y verte reducido a un amasijo conectado de músculos frontales, deltoides, pectorales, serratos, bíceps, supinadores, flexores, rectos, cuádriceps, tibiales, gemelos y  sóleos.

–           Lo más importante sería no perder la esencia-  reflexioné, mientras centraba mi atención en un póster clásico, de EGB,  de los músculos del cuerpo humano, parte frontal y parte trasera, a la vez que los dedos decididos y directos de mi fisioterapeuta violaban la intimidad de  mi isquiotibial izquierdo.

–          Bueno, y el alma- Volví a pensar.

–          Pero total, el alma son 20 gramos, ¿no? – le pregunté en voz alta a mi fisioterapeuta, que me miró con tal cara de extrañeza que paró bruscamente de hacer su trabajo, con gran alivio para  mi isquiotibial izquierdo.

–          Creo que son 21, ¿no? – lo vi en una película. Creo que salía Sean Penn.

–          Ah, sí- respondí. 20 o 21, qué más da. Ni siquiera sabemos si existe.

–           Sonrió

–          ¿Ya hemos terminado?- pregunté con alivio.

–          Sí.- me respondió.

Pagué, me fui andando a casa y casi me atropella una moto mientras pensaba si preferiría perder mi esencia o mis huesos.

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2 respuestas a Fragilidad

  1. juanjoperni dijo:

    Espero ansioso un relato sobre tendones! 😉

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