Salir

Saldrá bien, estoy seguro.
Todo saldrá.

Absolutamente todo.
Te lo aseguro.
Estoy.
De que todo.
Todo.
Todo saldrá.
Tarde o temprano.


Bien.
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Aquello de lo que una vez hablamos

Tengo el cuerpo lleno de contracturas.

Que me hieren cada vez

que me oprimes la espalda,

aunque siempre tuvieran la mejor

intención de aliviarme.     


Con la fuerza de tus dedos,

que ahondan en los raíles de las cosas que se olvidan,

y en mis nervios, y en la aorta,

y en mis cables coaxiales.

El dolor recurrente de los esguinces (sobre todo, los izquierdos), y el temor a que los tobillos se tuerzan de nuevo.

No sé si mañana seguiré haciendo el crucigrama de los domingos, en pijama y con los calcetines rojos que me regalaste, aunque estén ya un poco roídos,

o me seguiré abrazando a la almohada para no pasar frío en verano cuando no estás.

(Miro a ver si te veo volar en Glovo por la calle Sagasta)


Hoy, que otra vez tengo el cuerpo lleno,

y que de nuevo atisbo mi sonrisa en la coyuntura de tus labios,

quizá sea ya el momento de volver a imaginar tu comisura,

bañada en carmín, certezas y esperanza.

( y si vas a Tánger, espérame, que te conozco)

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Acorronarse

Las ovejas:

se acercan mucho unas a otras para darse sombra.

Eso se llama

acorronarse.

Yo te quería decir

que prefiero hacer cola en tu casa que en la Sala Sol

y que te comería con cuchara de nácar

(aco-rro-nar-se en la Sala Sol con cuchara de nácar)

Los pulpos tienen tres corazones.

Estaría bien que:

uno,

para bombear sangre,

otro:

para los desgarros

el último: para quererse

(jeringonza)

Libro oculto en una librería de viejo.

La nueva Ginsberg aparcada en un rincón.

-Cómo nadie te vio antes-

Ahí,  acurrucada.

Ahí

-eres-

como el marcapáginas de los sábados por la mañana

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Santos

Se me fue el santo al cielo, así que me puse mi camisa de doce y subí a buscarlo. Le noté bastante animado, charlando con otros santos y jugando a las cartas. De fondo sonaba una vieja televisión – afiné mi vista y me pareció distinguir que era una Radiola- donde algunos compañeros estaban viendo el Mundial de fútbol. – Qué tal estáis por aquí?- le pregunté.
– Bien, no nos podemos quejar, la verdad.
– Ah, pues entonces igual que nosotros con la Ley Mordaza, bromeé sin que pareciera que me entendiera nadie a juzgar por sus caras.
Mi santo me explicó que en general estaban bien
– Hombre, ya sabes es que la vida no es perfecta y que hay días mejores y peores, pero el por aquí el sol también sale todos los días, solo que lo vemos desde más cerca. Mira, asómate.
Me asomé a la ventana y vi un sol radiante y más luminoso de lo normal; sus rayos disparaban casi en horizontal. Me contó mi santo que este domingo iban a hacer un arroz al horno; habían invitado a los santos de enfrente, una especie comida de confraternización, me dijo.
-¿Aquí hay morcilla? – pregunté extrañado.

-Aquí hay de todo, hombre, aquí llega hasta Deliveroo, aunque no nos gusta lo poco que les pagan a los riders, y hasta aquí arriba, pues imagínate lo que tardan, y encima todo cuesta arriba.
– En fin, que solo venía a ver qué tal estabas porque esta mañana estaba distraído pensando en las musarañas y te me fuiste otra vez para arriba.
– Pues quédate tranquilo, que por aquí está todo bien.Bajaré de nuevo un día de estos , que ahora entre el Mundial y todo este follón de la comida, vamos a tener un poco de lío.

Me despedí de mi santo y bajé por las escaleras mecánicas atravesando algunas nubes y bordeando un par de aviones de Ryanair. Ya llegando, me crucé con un par de garzas reales y un helicóptero.
Una vez en casa, y aprovechando que me había puesto la camisa de los domingos y que hacía bueno, te llamé para ir a tomar unos vermús. Al final del día te conté lo de los santos y me volviste a decir que estaba loco, que a saber qué le ponen a esos vermús de La Violeta.
Repentinamente comenzó a llover con fuerza y vi claramente cómo chocaban contra el suelo minúsculos trozos de morcilla mezclados con arroz, para a continuación escuchar una algarabía celebrar un gol de Kempes.
– Se ve que hay alguna boda por aquí cerca, me miraste extrañada
– No tengo ninguna duda, sonreí mientras pellizcaba tu nariz de ratona

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O.K Corral

Me gusta que tus muslos

aguarden impacientes la alegría de mis papilas,

catando los sabores de entretiempo,

dime algo al oído,

susurrabas.

 

Botón del pánico

 

Tus pechos botones de zinc,

inesperado temblor

que pone patas arriba mis coordenadas

oeste este sur norte

cuarenta grados en tu lecho

 

Penal de Sing Sing

 

Las montañas son hoy menos altas,

los caminos más llanos y los ríos corren

dúctiles, gráciles, sonrientes,

hoy son libres, hermosos, verdaderos

y tu sonrisa, cálida

 

Snooze

 

Hoy en el bar, tomando un doble,

me dijeron: que te vieron con otro,

que me soñaste en sueños,

que bailabas en tarimas con arneses de puenting,

que irradiabas lujuria.

 

Campana y se acabó

 

Yo, por mi parte les dije:

que me alegraba mucho, que no me duelen prendas

pero que tal vez deberían escuchar menos a J. Balwin,

y leer más a Ángel González o a Carlos Barral

mas fue solo una sugerencia.

 

A veces confundo tus pechos de zinc con tus ojos de gata

 

Atardece ahora,

ojeo el viejo libro de Burroughs, ajado ya, aún incomprensible,

emerge con esfuerzo el sonido ronco de las tórtolas,

y recuerdo tu voz taimada elegante, femenina, feminista y esbelta,

corre un poco de aire para ser finales de agosto.

 

Fuga de Alcatraz

 

A solas, con el barbero

frente al espejo y en silencio:

la sustancia de lo cotidiano,

la belleza de tu rutina, el escalofrío de las cuchillas,

los cabellos negros en el suelo de mármol.

 

Suena Johnny Cash

 

Mechones oscuros que mutan a remolino,

que tornan en repente de cobrizos,

y casi se convierten en los tuyos

 

(intuyo a Gary Cooper tras los cristales)

 

desaparecen de mi vista en un instante,

y me miro al espejo y de repente,

me reconozco en mis nostalgias y en mis miedos,

en mis okeys corral y en tus anhelos.

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Jäger

Ojalá esta mañana de martes pudiera irme a una isla desierta o a la cama

a beber cerveza y tocarte la cara como si fueras braille,

a descifrar tus labios y tus ojos,

del color del Jägermeister

que me miran y me tumban,

mientras me aferro a tu espalda, a mis sueños y,

finalmente,

al suelo .

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Indicios

La vida me dio hoy un indicio de primavera.

Esta mañana he visto brotar ese almendro, muy tenuemente

Y el sol realizaba el trazado de un triángulo escaleno, reflejándose en el rojo de los ladrillos del edificio.

Hoy el cielo es muy azul, pero no se lo digas a nadie.

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