Alineación

Hoy, todos los astros se aliñaron para nosotros.


El sol, la luna y Venus, más clásicos, con su poquito de aceite, pimienta y sal.


Marte y Urano lo hicieron con una pizca de estragón y comino.


Mientras tanto, mirando hacia el firmamento, nuestras cabezas y nuestros corazones se alineaban entre sí, aderezados con un pellizco de curry, un toque de paprika y media cucharada de chile ahumado.


Los planetas hoy no podían estar equivocados.

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Ruinart

Entraste como las lagartijas que desaparecen tras los ladrillos en las casas de campo,

sin hacer ruido, como el placentero gas que adormece al reo ,

al que inunda suavemente provocando la extraña euforia del que sabe que todo termina.

Derribando los ladrillos desde dentro,  silenciando de un plumazo las alarmas que anuncian en la radio y que no están en las casas sino en los miedos.

Y me abrazaste , llorando de alegría  y gritaste, por sin, aquí estamos, juntos, a salvo, en este búnker que tanto nos costó armar.   

Dentro, resuenan en nuestras cabezas las estrofas de la canción de La Bien Querida, que me hubiera casado contigo, de habérmelo pedido, y siguen dando vueltas hasta atraparnos en arenas movedizas con la desesperación de un yonki buscando monedas en cajetines de cabinas de teléfono que ya no existen.

Sueño que de tus pechos sale Ruinart a borbotones y que huelen a tierra mojada y a Moussel.

Mientras, miles de millones de barriles de Brent  hacen explotar tu nombre en mil pedazos y convierte sus letras en otros tantos millones de granos de arena  que aterrizan en las dunas de la playa de A Moreira , donde se posan al algunos pájaros que silban alegres tonadas de septiembre.

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Perseidas

Perseida

Hoy, súbitamente, me di cuenta de que empecé a olvidarme de tu voz.

Es a la vez triunfo y desastre,

escozor y alivio en un mundo de vendas blancas y humor acuoso.

Suena tu voz ya deslavazada susurrando te quiero,

detrás de aquellas montañas cubiertas de niebla hoy.

Como tan lejos, como tan dulce,

como aquella perseida que pasó cuando estabas mirando al suelo.

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El color de la tristeza

Me preguntaste de qué color era la tristeza.

Te respondí sin dudar que es marrón oscuro con ribetes negros y que además huele a habitación sin ventilar y a hospital de madrugada.

Después me preguntaste que cómo sonaba la nostalgia- Te dije que sonaba a tren destartalado alejándose y a murmullo y lloros contenidos en almohada de Ikea.

Más tarde, quisiste saber a qué olía la esperanza: te dije que a la tierra de la tienda de los chinos de mis plantas recién regadas a finales de junio y a la espuma de la cerveza del bar de abajo servida en vaso de doble

Finalmente, quisiste recordar cómo olían nuestros cuerpos en verano: te abracé y no hizo falta nada más.

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Work in progress

Tú que apareces en sueños como el Guadiana,

– van con esta tres noches seguidas ya –

Vas y vienes

-son tus ojos el cauce de mi duermevela-

Dos puntos:

tendré que dejar de querer para poder olvidarte,

o no dormir nunca más para dejar de soñarte.

Y no es plan.

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Breve tratado sobre la toalla

¿Cuántas toallas son suficientes para una sola persona ? Digamos en primer lugar que las toallas suelen estar dispuestas en uno o dos cajones, por lo general de tamaño considerable,sin mezclarse por lo general con otro tipo de ropas. Las hay de todos los tamaños y tipos: grandes,pequeñas, medianas, de mano, de playa, de hoteles,viejas, usadas, bordadas, de piscina. Y en una amplia gama de colores: negras, azules, naranjas, moradas, blancas, a rayas. Apenas hay unas que casen con otras, y son casi todas de estilos y juegos distintos. También hay toallas con nombre propio, y toallas con olores reales o imaginarios que siempre estarán ahí, por más que pasen mil lavados. Toallas que desaparecen una temporada y aparecen en el lugar menos pensado, y otras que de tanto desgaste podrían usarse como pañuelos multicolores. Hay toallas que nunca se acaban de secar y otras que se impregnan enseguida del sudor del verano. Las hay suaves como la arena fina de playa de Menorca y otras son ásperas como la lija de un carpintero enfadado con el mundo.

Las toallas no son como la ropa interior. Las toallas se cambian cada cierto tiempo (aquí puede discutirse la periodicidad de dichos cambios), y su uso está limitado, en su forma habitual, a la ducha y las manos. Pueden darse otros usos como el secado de animales, higiene íntima, uso deportivo, boxístico (de donde viene la expresión “tirar la toalla”) o como sustitutiva de la alfombrilla de baño. De vez en cuando son necesarias más de una: cuando se tiene visita (amigos, familiares, etc), o cuando pasa la noche en casa algún amante, ya sea éste ocasional o habitual. Estas toallas fugaces tienen por lo general un uso bastante limitado en el tiempo, y se echan a lavar en cuando se produce el fin de la circunstancia, aunque curiosamente la toalla principal no suele acompañar al resto en la tanda.
La diferencia, pues, entre el número total de toallas que se poseen y su uso efectivo es a todas luces desproporcionado, con lo cual hay un gran número de toallas que jamás salen del cajón en el cual están confinadas contra su voluntad. Esta desproporción entre número total y uso real es un hecho que no se da prácticamente en ningún otro objeto de la casa: platos, trapos de cocina, vasos, copas de vino, cubertería. Todos estos enseres tienen por lo general, en un hombre o mujer que viva sola, un uso unitario, pero a menudo es necesario el empleo de varios de estos elementos de forma simultánea: una cena con amigos, por ejemplo.

Pueden darse casos similares en edredones y fundas de almohada, aunque en ningún caso llegan a la
claridad del caso expuesto con las toallas.

La opción más recomendable sería o bien aumentar el número de personas que habitan la casa o bien quedarse solamente con las imprescindibles, deshaciéndose del resto. Se recomienda retener aquellas con aromas especiales, recuerdos felices y, sobre todo, aquellas más grandes y suaves que permitan un secado rápido y eficaz.

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